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Espumante de Cacao

Licores

Espumante de Cacao

750 ml · Reserva Especial

Aroma a chocolate y avellana, con burbujas picantes en boca. Elaborado con la miel del cacao, chocolate y avellana. Entre 4 y 5 años de reposo y entre 500 y 600 mazorcas de cacao para llenar una sola botella.

$25,00IVA incluido

Base 21.74 · IVA 15% 3.26

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El consumo excesivo de alcohol limita su capacidad de conducir y operar maquinarias, puede causar daños a su salud y perjudica a su familia. — Ministerio de Salud Pública del Ecuador

Venta prohibida a menores de 18 años. Se verifica la edad antes de completar la compra.

Ficha técnica

Ingredientes
Vino de cacao espumante, esencia de avellana y chocolate
Alérgenos
Contiene sulfitos y avellana (fruto seco)
Grado alcohólico
8% Vol.
Estilo
Semiseco
Cosecha
2022
Contenido
750 ml · Reserva Especial
Cómo servirlo
Enfriar a 5 °C y servir en copa fría.
Maridaje
Frutillas, ostras, embutidos y postres.
Conservación
Conservar en ambiente fresco y seco. Una vez abierta la botella, mantener en refrigeración.

La historia

Todo empieza con la miel del cacao: el jugo dulce que escurre de los granos apenas se abre la mazorca, cuando todavía vienen envueltos en su pulpa blanca. Ese jugo es casi puro azúcar disuelto en agua, y eso es exactamente lo que necesita una levadura para trabajar. Fermentado, da un vino base bajo en alcohol y con la fruta del cacao todavía puesta.

Las burbujas no se inyectan. Al vino base se le agrega un poco más de azúcar y levadura y se cierra el envase para que fermente una segunda vez. Esa segunda fermentación produce gas carbónico, y como el envase está sellado el gas no tiene por dónde salir: se queda disuelto en el líquido hasta que alguien descorcha la botella. Por eso la espuma dura en la copa en lugar de desarmarse como la de una gaseosa.

Al final se suman el chocolate y la avellana, y eso es lo primero que llega al acercar la copa: un aroma de repostería más que de fruta. En boca las burbujas son finas pero picantes, y esa punzada es la que sostiene el dulzor en vez de dejarlo pesado.

Son ocho grados nada más, cinco menos que los vinos de la casa, así que se deja tomar sin ceremonia. Bien frío. Va con frutillas, con ostras, con embutidos y con postres: es el de la mesa larga, el que sirve para empezar y también para terminar.